Sexo en el carro!
En el carro!!

Dicen que la oscuridad guarda muchos secretos sirviendo de abrigo para las miles de personas que buscan un resguardo entre las cortinas espesas de la noche.
Regresando de algún bar hace un par de años, y consientes de que por la hora no resultaba tan conveniente ir a un motel, decidimos buscar solamente una calle oscura con el fin de poder pasar un rato de besos y caricias.
Tengo que aceptar que aunque no es de mis cosas favoritas, si me resulta bastante excitante, supongo que tiene que ver con que podemos ser sorprendidos en cualquier momento. Este relato no tiene nada de espectacular, sin embargo, si te cuento este día en especifico es porque sin duda ha sido uno de los más memorables en su carro.
Después de dar algunas vueltas por el sur de la ciudad no muy lejos de su casa, fue que encontramos por fin el lugar idóneo; una privada con un par de casas solamente y una pared larga y alta. Se estacionó, apagó las luces, y empezamos a charlar, no recuerdo muy bien sobre que, pero no dudo que hayan sido sobre las impresiones de la noche, la gente, los tragos, el lugar, etc.
Yo estaba recargada sobre su pecho, cuando sus manos empezaron a colarse por mi blusa, acariciando, amasando, pellizcando. Siempre me habia gustado la forma en que me toca, como al resbalar sus manos extendidas por mi pecho trata de tomarlo toda con la mano, el deslizar de su palma por mi piel, como empieza a tocar suavemente mis pezones. Mis senos no son grandes, lo cual resulta bastante conveniente, recibo suficiente atención ahí para tener un orgasmo sin necesidad de que me lo meta realmente. Así fue como empezó, tocando suavemente, con las yemas de sus de sus dedos un poco sobre la blusa, jugando con mi escote, adentrándose en el canal, cada vez un poco mas adentro de mi sostén, subiendo la intensidad de las caricias, mientras yo ligeramente rozaba su entre pierna. Esperaba que me besará, eso siempre ha sido el indicio de que la temperatura ya esta llegando a su punto. Y así sucedió en un descuido sus labios tocaron los míos robándome el aliento, mientras tratábamos de comernos en un beso, nuestras lenguas danzaban alternando el escenario de nuestra bocas.
A los pocos minutos yo prácticamente estaba encima de él, hincada sobre el asiento del copiloto, con las ansias enormes de írmele encima y poderlo sentir en todo su esplendor. Yo le tomaba la cabeza, entrelazaba mis dedos en su cabello, él metía su mano bajo mi falda buscando mi crica que ya empezaba a humedecerse. De repente dejo mi boca y con una agilidad en un dos por tres desabrocho mi sostén tiró mi blusa hacia abajo dejando liberados mis pechos que lo invitaban a probarlos; sus labios empezaron a succionar mis pezones, con la punta de su lengua tocaba la punta de los mismos, esa sensación es incomparable el contacto provocando un choque eléctrico que va adormeciendo la nuca empezando a trasladarme a una dimensión paralela pero cada vez mas elevada, me encontraba entrando en ese trance cuando una de sus manos empezó a avisar que lo mejor estaba por venir, entre mis piernas haciendo mi ropa interior a un lado unos dedos jugaban en la abertura de mi chocha, escarbando cada vez más en los pliegues de mi crica, acercándose al orificio que sin duda trae la calma después. Para ese momento en su regazo su bicho parado y cada vez más duro me pedía ser liberado de las ataduras del pantalón; hizo el asiento para atrás para que yo pudiera inclinarme sin que el volante del auto interfiriera en mi camino, ya con más libertad, mis manos desabrocharon su cinturón, siguiendo con los botón y cierre de su jeans, bajé su bóxer, al fin pude ver su grandioso bicho henchido, duro, hermoso ¿cómo no acercarme para besarlo? Si tenía minutos deseándolo.
Con una seña me dio a entender que estaba preparado para lo siguiente, bajé mi cabeza, con una mano apoyada en el asiento, acomodada en cuatro patas empecé a mamar su bicho, empezando por la cabeza muy suavemente, echándomela a la boca una que otra vez, sacándola para que mi lengua entonces pudiera hacer remolinos por todo su miembro; me encanta esa sensación de sentirlo así enhiesto, punzante, delirante; seguí con mi trabajo tragándomelo un poco más cada vez, tratando de llevarlo hasta mi garganta, saboreando los líquidos que empezaban a brotar, mientras chupaba tan desesperadamente que casi lo escuchaba gemir, al compás de mi boca una de mis manos frotaba sus bolas; yo podía sentir como al mismo tiempo un brazo sobre mi espalda desembocaba en una mano que me penetraba vertiginosamente, podía escuchar el sonido que causaban sus dedos al entrar en mí, era como un chapoteo, mi chocha chorreaba de ese liquido incoloro y viscoso que hacían notar que estaba cerca de venirme, sentía mi clítoris a punto de explotar tan tieso como su bicho, tan tenso que era una gloria sentir sus dedos sobre el, provocando toda esa materialización de los mundos extraterrenos, cuando estaba seguro que el clímax tocaba ya a la puerta se detenía un momento para así con mis propios jugos lubricar el apretado túnel de mi culo, su dedo índice lo dilataba hasta que por fin sentí ocupados mis dos orificio y el movimiento de sus dedos entrando y saliendo, abriéndose paso cada vez más profundo en ellos, desaguando los conductos, mi cuerpo empezaba a temblar, a tensarse, a agitarse con vehemencia. Su bicho se empezó a contraer y en una sacudida de su cuerpo un chorro de “leche” inundo mi boca, caliente y espesa resbalo por mis labios.
Otra convulsión anunció mi orgasmo seguido por un largo sonoro chillido. ¿Quieres otro? – me susurró al oído – asentí con la cabeza, mientras el seguía penetrándome con sus dedos, mis gemidos intensificados, causados por la sensibilidad de mi chocho en ese momento hubieran podido despertar a toda la ciudad, y así llego otro terremoto, un segundo orgasmo. Después de unos minutos e incorporada en el asiento aun con las piernas abiertas y con la crica palpitante, respirábamos entre besos y caricias tiernas, el estaba un poco cansado y yo deseosa de venirme una vez más, empecé a tocarme mientras volvía a poner mi cabeza en su pecho, el sostenía mi cuerpo con tratando de ser un sostén para mis movimientos agitados, acariciando levemente mis senos, mi mano tocaba todo ese torrente de agua que aun emanaba de el, eso me excitaba más, recorría mis labios vaginales, acercándome a mi clítoris, me penetraba un poco, sacaba los dedos, con mi dedo índice y medio a la vieja usanza dibuje garabatos sobre esa terminación nerviosa, cada vez mas fuerte, cada vez más intenso, mis caderas de elevaban como si al moverse encontraran un poco de liberación, y así sucedió me vine por tercera vez bañando mis dedos.
Exhausta por los acontecimientos, nos abrazamos mientras trascurrían las horas…el momento de regresar había llegado.
A continuación un video donde hacen el amor sobre el bonete del carro,


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