Bellaca .Me
… de crica caliente, y clitoris de fuego.

Anoche …

Octubre 31st, 2009 by La Bellaca de Puerto Rico

Anoche fui a mi cuarto después que te habías ido, me recosté en mi cama, mirando hacia el techo, con la luz apagada, apenas un rayo de luz de luna se infiltraba en mi ventana, marcando mi silueta entre mis sabanas, te imagine aquí, recostándote lentamente en la cama, te abrace y bese tus labios, tu cuello. Tú te volteaste lo que aproveche para besar tus hombros, tu espalda, con mis manos acariciaba tu pecho, frote tus hombros para relajarte, seguí con el masaje, besando una otra vez tu piel, tu espalda, recorriendo esa línea del pecho, hasta llegar a tu maravilloso e imponente bicho. Jugando con él, te susurre al oído, hazme el amor una vez más. Gire hasta ponerme de espaldas a la cama, boca arriba, y empecé a imaginar tus labios, tus besos… esa fuerza que debes imponer a la maravillosa boca tuya cuando estas besándome, mis manos no eran mías, eran las tuyas que recorrían mi cuerpo, acariciando mi mejilla, mi cuello, mi pecho… los senos, bajando poco a poco los tirantes del camisón blanco que traía…

Mis tetas emergieron de su prisión, con los pezones erectos, duros y firmes de tanta excitación, empecé a frotarlos despacio, sintiendo las curvaturas de cada uno de ellos, la suavidad de mis senos. Poco a poco baje las manos hasta mi estomago dibujando lentamente figuras sin sentido que fueron recorriendo mi piel, llegando a mi vientre. Sentí mis caderas, cada una de sus curvas y siluetas, recorrí poco a poco por ellas, imaginando tus manos quienes las recorrían, imagine también tus labios besando cada uno de esos lugares en donde mis manos acariciaban. Lentamente abrí mis piernas, imaginando que eso es lo que más deseas… sonriendo maliciosamente deslice poco a poco mis pantis blanca y pequeña, corrió ansiosa por mis piernas, para darle paso a mi mano que se mezclaba con la entrepierna, deseando que fueras tú el que se encontrara ahí…

mis pantis blancas

Poco a poco la crica fue abriéndose separando sus labios ardientes y calientes, emanando ese jugo que emerge de ella cada vez que la mencionas, ese cosquilleo que la recorre junto con mi vientre al imaginarte aquí, mis manos se fueron directamente a ella, una abrió sus labios y la otra busco su botón… ese pequeño botón que la hace mas y mas jugosa, empecé a acariciar mi clítoris, despacio, usando el néctar emanado de mi chocha para lubricarlo mas y mas, imaginando tu lengua haciéndolo así, un dedo.. dos… se movían arriba y abajo rozándolo una y otra vez, gimiendo lentamente, conteniendo la respiración, callando los gemidos que las caricias intimas me provocaban, fue maravilloso sentirlo así…

Pero no quise que solo eso fuera, poco a poco introduje mis dedos dentro de mi chocha, el cual respondió al momento, apretándolos, y succionándolos, con movimientos de vaivén, quería sentirlos dentro, imaginando que era tu bicho quien la penetraba, una y otra vez, jugaba sacándolos y metiéndolos una y otra vez, despacio, rápido, fuerte, suave, mas y mas dentro. Alternaba los movimientos pensando en ti, tome una almohada y la puse sobre mi cuerpo, imaginando que era tu pecho, tu cuerpo encima de mí, un liquido salado escurría empapando mi cuerpo en gotas, estaba sudando, así que tome un poco de agua del vaso que siempre tengo junto a la cama, y lo esparcí sobre mí rociándolo, el frió de las gotas del agua contrastaban con el calor de mi piel y de mi cama, imagine tu sudor unido al mío, al fundirnos uno en el otro.

Seguí con el juego de los dedos… hasta que no pude contener la respiración, un pequeño gemido se escapo de mis labios, al sentir ese delicioso orgasmo, esa contracción maravillosa, el espasmo que me hizo arquear la espalda, imaginándote ahí…

Pero no pare, acomode las almohadas hasta ponerlas en línea, me monte sobre una de ellas, imaginando que eras tú a quien montaba, mis dedos salían y entraban mas y mas rápido, con más firmeza, mas pasión, con más fluidez ayudados por los jugos que de mi vientre emanaban, murmure palabras… hasta que no aguante mas y caí rendida, sobre tu pecho que improvise con una almohada, me quede así un rato, abrazada a tu falso cuerpo, descansando, recuperando las fuerzas, solo me cubrí con una sabana….

Transcurrió un tiempo, no sé cuánto, me levante, limpie la cama, mi crica de la manera más delicada, como me has pedido tratarla, una playera y una pijama cubrieron mi cuerpo, me acosté nuevamente, abrace tu almohada, me cubrí con las sabanas, la bese lentamente te susurre las buenas noches… y me quede dormida, pensando en ti…

así fue….

A continuación les dejo con un video para que los ayude a imaginar …

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Una chocha ( vagina ) gigante!!

Octubre 30th, 2009 by La Bellaca de Puerto Rico

Muy grande para un bicho ( pene, verga, pinga ) normal!!

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¡Métemelo… métemelo!

Octubre 24th, 2009 by La Bellaca de Puerto Rico

“¡¡Métemelo… métemelo!!..” Los gritos de una bellaca muy caliente. A continuación un relato enviado por una de mis tantas lectoras.

Comenzaste por los ojos… tu mirada me penetraba hasta el alma, produciéndome escalofríos. Era tan penetrante e intimidante que la sentía recorriéndome la espalda mientras caminaba hacia el baño. Me recorrías de arriba abajo, como queriendo estar por debajo de mi vestido. Continuó más tarde, la mano en la cintura que apretabas y acercabas a tu cuerpo más de lo necesario en medio de la pista de baile.

Al segundo o tercer merengue, conseguí la respuesta a mi pregunta de “¿qué será lo que le ven a éste tantas chicas lindas?”… Allí, en medio de la pista, con tu brazo acercándome peligrosamente a tu cuerpo, pude “sentir” la respuesta y lo entendí todo. Yo también sucumbía a tus encantos… Luego en el auto… antes de arrancar y perdernos en la locura de las madrugadas citadinas. Allí fue la lengua… hábil y curiosa, ávida, hambrienta. Labios que succionaban, dientes que mordisqueaban, lengua que penetraba, ojos que se perdían detrás de mis propios párpados, respiración que se agitaba.

Llegamos a la disco, un par de tragos más y una demanda osada para una mujer osada. “Quiero tener algo tuyo -me dijiste- algo con qué recordarte”. No entendía por dónde venías, pero rápidamente me lo hiciste saber. Segundos más tarde, en plena pista de baile y en medio de la multitud frenética, ponías inocentemente tus manos sobre mis caderas, y en un suave movimiento me quitabas el bikini de encaje blanco, haciéndolo deslizar piernas abajo, para tomarlo disimuladamente en mis tobillos y guardarlo como trofeo de conquista en el bolsillo de tu chaqueta.

Después de eso ya nada volvió a ser igual. Eran ridículas ahora las poses puritanas o conservadoras. Mi deseo y el tuyo estaban ya a punto de ebullición. No había por qué esperar. – ¿Mi casa o la tuya?, preguntaste. Pero no pudimos llegar a ninguna de las dos. Sólo esperando al Valet Parking con tu auto, en medio de un beso apasionado, metiste tu mano por mi escote y tanteaste mis pezones en estado de alerta. Apretaste mis senos con lujuria, al tiempo que mordiste mi labio inferior, haciéndome brincar del dolor. Ahora mis labios todos latían rojos y calientes.

Subimos al auto y avanzaste algunos metros para alejarnos de la luz y las miradas, inquisidoras unas, envidiosas otras. Paramos en una zona residencial tranquila y convenientemente oscura. ¿Peligrosa? Tal vez… pero eso sólo incrementaba el deseo. Sin mediar palabra desabrochaste tu cinturón y abriste el pantalón. El sonido metálico de la hebilla y el ronronear de la cremallera deslizándose provocó en mi cerebro un impulso que me disparó automáticamente hacia delante, volcándome sobre tu inmenso y flamante mástil, que me esperaba ansioso y expectante.

Era un pene espectacular. Entendí que lo que había sentido horas antes en la fiesta había sido al gigante en reposo. Ahora lo contemplaba erguido ante mis ojos, liso, brillante y moreno, invitándome a demostrarle todas mis habilidades en el sexo oral. “Trágatelo”, me pediste jadeando, mientras yo practicaba un afanado ejercicio para que semejante portento entrara completo en mi boca. Por momentos tanta inmensidad me producía arcadas; debía concentrarme para relajar mi laringe y a la vez succionar, respirar pausadamente a pesar de tanta excitación, abstraerme del mundo para proporcionarte placer.

Tú sólo decías “trágatelo, mételo todo en tu boca, así… así”. Me tomabas por el pelo y con acompasados jalones me ayudabas a deglutir tu maravillosa masculinidad. Tal vez sólo un par de segundos antes que fuera demasiado tarde, paré en seco mi faena. Levanté la cabeza para mirarte y sonreí al ver tu cara, mitad placer, mitad desesperación. “Ahora me toca a mí, papito”, te dije al tiempo que de un jalón tiraba hacia atrás tu asiento y me colocaba a horcajadas sobre ti, como un experimentado jinete de rodeo. La ropa interior no fue un estorbo; era un problema resuelto por ti hace mucho rato. Besaste mis labios con pasión, pero a la vez con ternura, o al menos así lo sentía yo, después de tanta fricción y calambres aguas abajo. Yo estaba más que lista… desde la disco, desde la fiesta antes de la disco… tal vez desde la primera mirada con la que me habías dicho “estás bellísima”… no lo sé.

El punto es que sólo dije “Métemelo” y no hizo falta nada más para que me ensartaras y me acoplaras en un solo movimiento a tu mástil, que ahora, dentro de mí, se sentía más inmenso y desbordado que nunca. Mi rodilla derecha flexionada sobre tu asiento y pegada a tu cadera hacía el trabajo de balanceo y ritmo, mientras que mi pierna izquierda estirada y con mi sandalia de tacón apoyada en el asiento trasero, me daba el apoyo y la fuerza para embestirte. Mis manos desabrocharon los botones de tu camisa y mis dedos comenzaron a juguetear con tus tetillas y a enredarse en tu velludo pecho.

Mis labios pegados a los tuyos, sólo salían de tu boca para recorrer tu cuello, para lamer el lóbulo de tu oreja y decirte casi sin voz… “así, así… métemelo, métemelo”. Tus caderas y las mías bailaban un ritmo ancestral, innato e inédito. Un ritual de placer, reciprocidad y agradecimiento, mientras nuestras gargantas emitían sonidos repetitivos y guturales, una especie de mantra que nos llevaba a un estado alterado de conciencia, permitiéndonos, finalmente, liberarnos en un grito espasmódico y purificador, una sola exclamación a través de dos gargantas; dos chorros de semen en un solo canal, mil latidos por segundo que ensordecieron al mundo… subir al cielo y al bajar, notar que la tierra no estaba tan lejos. Morir y renacer más completos, más sabios, mucho más felices. Y seguir andando la vida, a la espera de otro encuentro, de otra fiesta en la que me comas con la mirada, en la que me roces con tu miembro épico en la pista de baile. Otra noche en la que me conquistes con una locura y me hagas nuevamente gritar: “¡¡Métemelo… métemelo!!..”

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Ha nacido un nuevo bellaco!

Octubre 17th, 2009 by La Bellaca de Puerto Rico

Un nuevo bellaco formándose, para satisfacer a una futura bellaca.

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