Lo que pudo pasar, pasó.
La verdad es que a veces no sé cómo pasan las cosas. Simplemente fluyen hacia un final que no esperas. Aunque lo más curioso es que cuando llega no te sorprende por mucho que lo deseabas o no. Esta historia trata de cómo un fin de semana tranquilo se transformó a lo contrario con una buena amiga mía y mi pareja. Y de cómo terminamos haciendo realidad una de nuestras fantasías a pesar de que ninguno tenía la más mínima intención de ello.
Todo comenzó cuando, hablando con mi amiga por teléfono, le propuse que se viniese a pasar unos días con nosotros a nuestra casa. Estos días había hecho un calor bárbaro, decidimos coger para la playa, esas playas bellas de nuestra isla. Bueno mi primera sorpresa fue cuando nos desnudamos para ponernos el traje de baño. Ella, a la que llamare “Silvia”, me dijo que estaba guapísima, que había adelgazado, que estaba estupenda. Eso me puso el ánimo por la nubes. Un dulce no le amarga a nadie, y menos a mí.
Mi amiga Silvia me sorprendió aun más. No la veía desnuda desde las duchas del colegio donde, sinceridad primero, sentía una atracción por ella que no entendía en ese momento. Una especie de cariño de amiga realmente especial, de admiración. La veía realmente irresistible y entendía porque los muchachos se volvieran tontos con ella.
Ahora estaba realmente hecha toda una mujer. Sus tetas, que no son muy grandes, pequeños más bien, son realmente atractivos y sus curvas, como las dunas de un cálido atardecer rojizo en el desierto, eran como una cascada de sensualidad que se derramaba desde su nuca, al aire bajo su corto pelo castaño rojizo, pasando por una elegante espalda, como un adelanto de lo que hay más abajo.
Pero de repente me di cuenta de que lo tenía todo depilado, ¡del todo!. Fue una sorpresa que no me esperaba y he de reconocer que eso la hacía mucho más atractiva de lo normal. Parecía tan cuidado y suave que comprendí que a algunos hombres les resultase así más atractivo. He de reconocer que me costó mucho trabajo no mirarla y de repente me encontré ruborizada mirándola fijamente a la cara para que ella no notara que mis ojos se desviaban casi sin querer abajo, a sus pequeños pero atractivos senos, con dos casi coquetos pezones como dos botoncitos, y más abajo aun, a su certero ombligo, y aun más abajo aun donde el vello ya no hacía de frontera definida y solamente el sutil bronceado de la piel indicaba que se entraba en zona privada, reservada e intima.
No voy a negar aquí que he tenido deseos y fantasías con otras mujeres, como todas supongo. Según tengo entendido es normal en la mayoría de nosotras.
Mi pareja a la que llamare “Magnus” hace realmente honor a su nombre, es enorme. Su pecho es grande y fuerte (perfecto para dormir acurrucada en una tormenta), y sus piernas poderosas, me han hecho alguna vez pensar en él cómo en un centauro…. y su culete, ….mmmm su culo es para volverse loca… a mordiscos. He de reconocer que una de mis debilidades, uno de mis vicios, tal vez una de mis más escondidas perversiones es notar como esos músculos potentes de su trasero se ponen rítmicamente como piedras bajo la presión de mis manos mientras él, encima mía, me da todo el placer que es capaz de darme y yo sentir.
Ahora es cuando vino la la sorpresa. Cuando ya nos fuimos tranquilizando y las risas fueron más relajadas Silvia tomó el tonito pícaro y me dijo casi suspirando: “que suerte tienes chica, con tanta alegría no necesitas consuelo… ni consolador. A ver si un día me lo dejas” y volvió a echarse a reír. Yo me quedé algo cortada pero inmediatamente le seguí el juego y riéndome también le dije “eso es privado querida”. Entonces ella, aun partida de la risa, entre carcajadas me contesto partiéndose aun más “pues a ver cuando me invitas a pegar unos tiritos”. La explosión de risa comenzó otra vez a empezar. Aunque he de reconocer que esta vez yo también tenía algo de la risa tonta que me da cuando estoy cortada.
Magnus apareció de pronto recién despierto de su siesta diciendo que nos fuéramos de regreso a la casa. Fue como la campana que nos salvó de un momento un poco tenso. Nos cambiamos de ropa para quitarnos los trajes de baño mojados, yo me puse un traje camisero y Silvia unos piratas con una blusa blanca. Los tres íbamos hablando animosamente y riéndonos de tonterías.
Pero claro que la cosa no acabó aquí. De repente descubrí a Silvia mirándole el culo a Margnus que iba delante. Me miró y con un gesto mordiéndose el labio de abajo me hizo saber lo que le parecía… mmm delicioso. Yo simplemente me encogí de hombros, le guiñe un ojo y le sonreí. En ese instante me asaltaron unos celos terribles. Otra chica le estaba mirando el culo a mi hombre. Estaba furiosa y me la imaginé haciéndoselo ella sola mientras pensaba en mi pareja. Supongo que ese pensamiento me asaltó con la intención de encender aun más mi enfado… pero para mi sorpresa no fue así. Me sorprendí mirando a mi amiga desde atrás e imaginando que se lo hacía a si misma pensado en Magnus, en nosotros. Me vino a la cabeza que ella estaba excitada pensando en mi pareja y yo disfrutando de lo lindo.
Cuando llegamos a la casa todo fue de lo más normal. Bromas, conversaciones agradables sobre temas intrascendentes. Nos fuimos al jardín a cantarle a la luna ( a todas las borrachas nos da por lo mismo) y Magnus apareció con dos botellas de Champan y una cubeta de hielo. Entonces empezaron los brindis. Brindamos por nosotros tres. Nosotros dos brindamos por ella. Ella brindo por nosotros dos y abrimos la segunda botella. ¡Por el futuro! ¿Por la paz en el mundo! ¡Brindamos por cuantas pendejadas! (la cosa era gritar, reírnos y beber) ¡Por nuestros deseos! Y Magnus se fue tambaleante por otras dos botellas.
Estábamos realmente borrachos los tres. Entonces, tras brindar por nuestros sueños, Magnus propuso brindar por nuestros deseos más íntimos. A Silvia y a mí se nos paso casi toda la borrachera de golpe, nos miramos algo cortadas e, inevitablemente, rompimos en una explosión de carcajadas que mi pareja también secundó. Empezó Magnus. Se levanto (o algo parecido) y con voz lo más solemne que pudo gritó “Por que se cumpla mi deseo más intimo…” (Silvia y yo nos miramos con cara de borrachas y nos reímos, Magnus siguió)…” a mí me gustaría antes de morirme…” La tensión, aunque riéndonos, se podía cortar “…ser torero!” y se derrumbó sobre el sofá de la terraza. Silvia y yo no podíamos para de reírnos mientras Magnus con cara de digno nos juraba que era verdad, que quería eso desde niño. Entonces yo cogí una toalla y se la di a Magnus como capote y Silvia con una silla hizo de toro para que le diera unos pases. Yo aplaudía eufórica y le gritaba oles y Torero, Torero.
Nos caímos de risa en otra explosión contagiosa. “ahora me toca a mí” dije yo rellenado las copas de champan con hielo. Pero cuando ya estaba preparada, Silvia se levanto de repente y grito “… ¡yo lo que quiero hacer antes de morirme es probarlo con otra mujer!…” “¡y yo también!…” le contesté sin pensarlo. De repente el silencio se adueñó de la reunión. Nadie sabía que decir. Yo miraba a Silvia y ella me miraba a mí. Magnus parecía no enterase de nada desparramado en el sofá. La tensión podía cortarse con un cuchillo pero a la vez un escalofrió me recorría la espalda. Como una excitación contenida. Todos seguíamos callados. Entonces Magnus, como recién despertado me miró, miró a mi amiga y me volvió a mirar y dijo “…pues ustedes también van a torear si de verdad lo quieren…”. El silencio fue entonces más profundo aun. El silencio, como un gran techo de nubes sobrevolaba sobre nosotros. “…¿Por qué no prueban a ver si les gusta?…” dijo Magnus con una medio lengua de borracho.
Yo miraba fijamente a Silvia y ella no podía apartar sus ojos de mi. Entonces mi pareja, con una suavidad y delicadeza impropia de un hombre que había bebido tanto, me cogió suavemente de la mano y con una sutil presión, como una invitación me llevó delante de Silvia, que de pié nos miraba fijamente. Magnus se puso detrás de mí y a mí me colocó enfrente de mi amiga. Estaba cortada pero tenía más curiosidad que otra cosa y supongo que las copas de más hicieron el resto. La miraba fijamente a los ojos pero ella miraba todo mi cuerpo. En ese momento me sentí realmente deseada. No dejaba de desnudarme con la mirada cuando Magnus, detrás de mí, me dio un apasionado y suave beso en la nuca y como una ligera brisa me empujó hasta estar pegada a mi amiga. Inmediatamente sentí sus pechos rozando los míos y como sus manos se posaban en mi cintura, que fueron subiendo delicadamente hasta mi nuca y entonces se acerco tanto a mi cuello que sentía su aliento entrecortado rozándolo. Haciendo esto me dejó el suyo a mi alcance. Terso, delicado, curvado, apetecible, sentía ganas de besarlo, de probarlo, de sentir como era el de otra chica, tan femenino, tan distinto.

Entonces noté como sus labios se posaban suavemente en mi cuello. Un escalofrío me recorro toda la espalda. ¡Me estaba besando otra mujer! ¡y me estaba gustando bastante! Estaba realmente excitada y a la vez super bellaca. Suavemente empezó por dar pequeños pellizquitos con sus labios y cuando abrió la boca y me rozó cuidadosamente con la puntita de su lengua no pude resistirme más y me lancé a probarlo. Era una piel distinta, mucho más suave, casi más fresca. Notaba como se estremecía de placer bajo mis labios y se le erizaba la piel. Entonces me abrazó la espalda acariciándola con pasión y beso mi cuello y mi nuca con tal deleite que no me quedó más que hacer lo mismo. Me excitaba cada vez más al pensar que la piel que estaba rozando con mi lengua era de otra mujer y entonces fue cuando me abandoné al deseo.
Silvia recorrió por encima de mi ropa mis caderas y con un suave giro, como un camino del deseo ya premeditado las llevo hasta mi culo donde apretó con fuerza haciéndome morderle el cuello por la excitación que me provocó. Yo no pude resistirme y mis manos empezaron a explorar su delicioso cuerpo debajo de su ropa y puse mis manos sobre sus tetas. Noté los pezones erizados por el deseo bajo la tela y no frené la tentación de meter suave y lentamente una mano para acariciarlos. Entonces ella, delicadamente y sin dejar de besarme el cuello, empezó a desabrocharme los botones de mi traje, y con cada botón que desabrochaba sus labios y su lengua iban un poco más abajo. Yo, que ya estaba realmente bellaca, sentía las palpitaciones calientes en mi húmeda chochita. Ella terminó de desabrocharme los botones y me pasaba suavemente las manos y los labios por encima del sujetador, sobre mis pezones ya al colapso de la excitación, entonces con un movimiento rápido pero delicado me bajó el sujetador dejando mis pechos al aire.
Ella se acerco lentamente a mi pezón derecho. Podía sentir su aliento caído sobre él. Se paró un segundo en inmediatamente pasó delicadamente su lengua sobre él para seguir haciendo círculos alrededor. Yo estaba casi al borde del orgasmo solo con eso y entonces me lo apretó firmemente con la mano mientras ya lo lamia con pasión y casi lo metía entero en su boca. Otra mujer me estaba chupando las tetas y solo con esa idea el deseo recorría cada rincón de mi cuerpo como no lo había sentido hasta ese momento. Entonces yo quise probarlo. Desee sentir en mi boca sus pechos y jugar con mi lengua en sus pezones. Le levanté la camisa y con un gesto más bien brusco le bajé el sujetador hasta la cintura. Ella se estremeció de placer y curvándose un poco hacia atrás me los ofreció. Tomándome la cabeza por la nuca y acariciándome el pelo invitándome a hacerlo, suspiró un “si” lleno de deseo. Sin pensármelo y tremendamente excitada pasé mi lengua directamente por uno de sus duros pezones, sentí como se estremecía de gusto y entonces, acariciándolas con las dos manos por abajo se las bese, se las lamí, las saboree, las metí casi enteras en mi boca.
Era un frenesí que no podía parar. Me gustaba, me excitaba mucho, notaba como el placer se apoderaba de mí. En ese momento note como su delicada mano entraba por encima de mis pantis y empezaba a acariciar mi pelito del monte de Venus. Otra oleada de placer me recorrió y besé sus pechos con más pasión, paseando con mi lengua sobre sus pezones, su cuello y su pecho. Ella lo entendió y con firmeza metió sus dedos entre mis húmedos labios buscando, jugando, explorando y acariciándolo todo. No era como siempre, estaba claro que sabía lo que hacía. Ella sentía lo mismo cuando se lo hacía a si misma. Pero a la vez era algo distinto de cómo lo hacía yo. Así era como se lo hacia ella, frotándose rápidamente hacia arriba y hacia abajo y metiendo los dedos un poco en cada envite. Eso es lo que siente ella cuando se lo hace. Entonces, al pensar en eso, me fui en un orgasmo profundo e intenso.
Pero no quería parar. Quería más. Más. Mucho más. Y sin pensármelo metí mi mano directamente dentro de su pantalón y sus pantis. Estaba completamente depilada y era muy suave y sensual, delicioso. Estaba realmente húmeda, empapada. Siempre me pregunte como seria hacérselo a otra mujer, solo el hecho de pensarlo ya me excitaba. Estaba mojado y caliente. Busque rápidamente su clítoris y empecé a dar vueltas alrededor como yo lo hago, bajando a veces a tomar más humedad e introducir un poco algún dedo. Ahora ella va a sentir como lo hago yo. Eso volvió a excitarme muchísimo. Ella estaba como loca haciéndomelo a mí mientras me sujetaba el trasero con firmeza y paseaba su lengua por todo mi cuello alocadamente. Entonces se acercó a mi oído y me susurro “¿nunca has soñado con poder chupártelo tu misma?….” .
Solamente esa pregunta hizo que me pusiera tan bellaca que estuve a punto de venirme. Estaba claro que podía adivinarme cada deseo porque ella tenía los mismos que yo. Entonces se arrodillo delante mía y abriéndome las piernas empezó a lamerme de abajo hacia arriba rozándolo todo a su paso. Con mucha delicadeza metió dos de sus dedos y empezó a moverlos rítmicamente mientras con su boca sobre mi clítoris me lo besaba como si me besara en le boca. Entonces sentí como Magnus me abrazó por detrás y note su duro pene hacerse un hueco entre mis nalgas mientras me besaba apasionadamente el cuello y deslizaba sus manos sobre mis tetas. Estaba al borde del colapso de placer. Cogí el durísimo pene con una mano y empecé a frotarlo dentro de mi culo mientras sentía como una muy habilidosa lengua me hacia la mejor mamada de mi vida mientras me metía ya casi cuatro dedos. No había un centímetro de mi piel que no fuera acariciado, besado o lamido. Los orgasmos se repetían como el final de un gran concierto sin fin.
Entonces mi lengua me pidió más atención. Me apetecía realmente hacerlo a mí. Me apetecía chupar y lamer. Había fantaseado tantas veces con hacérmelo a mí misma que ahora ansiaba probarlo. Levante a Silvia y sin dejar de besarla ni acariciarla la tumbé en el sofá. Me incliné suavemente sobre ella cuando ella se giró y dejo su cabeza a la altura de mi entrepierna. No quería dejar de mamármelo. Le gustaba, la ponía, la excitaba y eso me encantaba a mí. Me iba a montar un sesenta y nueve con otra mujer. Debía ser como chupármelo a mí misma, pero mejor. Delante de mí veía su depilada rajita. Estaba húmeda y en ese momento me pareció deliciosa. Entonces noté como ella volvía a las andadas. Su lengua se paseaba por mis labios y mi clítoris como loca. Metiendo un poco la punta y jugando fuera después. Sus manos me recorrían el culo sujetándolo y apretándolo contra su cara. Entonces me lancé. Primero pose mis labios sobre su suave monte y ella alzó la cadera de gusto y placer. Entonces empecé a pasear mi lengua por los alrededores. Fue cuando probé su sabor. No me lo esperaba. Era tan parecido al mío que me excité aun más y empecé a hacérselo como siempre me imaginé que me lo hacía a mí misma.
Recorrí con la lengua y mis besos los huecos donde nacen las piernas y después pase mi extendida lengua por fuera, por encima. Noté como su cadera se alzaba pidiéndome más mientras ella me lo chupaba a mí como una loca lasciva. Entonces, con mucho cuidado y sabiendo exactamente donde, metí un poco mi lengua entre sus labios solamente para rozarle el clítoris. Ella gimió de placer y yo paré. Tras unos segundos de expectación me lancé y lo lamí, lo bese y lo chupé justo como había fantaseado tantas veces. Era cálido húmedo y palpitante. Exactamente igual que como me imaginaba el mío. Me excitaba cada vez más recorriendo cada rincón con la lengua. Entonces noté algo distinto. Magnus se había acercado por atrás mío y empezaba a chupármelo a la vez que ella. Los dos me estaban haciendo una mamada al mismo tiempo. No pude evitar venirme brutalmente mientras con ansia le lamia y chupaba su delicioso y jugoso chochito a mi amiga. Pero justo en el momento en el que el placer era mayor sentí como Magnus me metía su durísimo bicho hasta dentro mientras ella con su lengua nos chupaba como una loca a los dos.

Entonces ella, con delicadeza y firmeza a la vez, me metió también un dedo chichándome el culo mientras me hacia una mamada como una loca y tenía un enorme pene entrando y saliendo. Creí que iba a perder el conociendo de placer, no sabía dónde estaba arriba ni donde estaba abajo y además le comía todo a ella y su sabor me excitaba aun todavía más. No sé cuantas veces me vine pero fue lo más intenso que había vivido hasta el momento. Después también me apeteció probar a mí y llamé a Magnus y le dije que viniera por este otro lado. Ella arqueaba la cadera y con suspiros de placer lo pedía, decía “…si, si, si….”. Entonces yo volví a lamerle bien el clítoris para calentarla y cuando tuve a Magnus cerca se lo cogí con la mano y empecé a usarlo para acariciarla. Me asaltaron unas ganas irresistibles de hacerle también una mamada a el mientras se lo hacía a ella. Me excitaba brutalmente lo que estaba haciendo. Se la chupaba a él y se lo lamia a ella a la vez. Todos los jugos mezclados con mi saliva, mientras por detrás me hacia ella otra buena mamada acompañada de un soberbio dedo.
Entonces quise que se la chingara y cogiéndola con una mano, con la otra separé sus labios metiendo la punta y lamiéndola justo en el borde mientras la metía. Se los estaba chupando a los dos mientras chichaban y mientras a mi me hacían una fantástica paja lamiéndome el clítoris y comiéndome a la vez mi culo y mi crica con los dedos. Silvia y yo nos venimos no sé cuantas veces antes de que Magnus la sacara para poder venirse sobre mis tetas dejándolos completamente bañados de leche. La última de esa noche fue, que yo ya desparramada en el sofá, recibí otro grandioso dedo y otra fabulosa mamada de Silvia mientras me lamia los pechos bañados en semen. Después nos quedamos todos dormidos mezclados unos con otros en un extenuado amasijo de cuerpos hasta la mañana siguiente.
El despertar merece un nuevo y bellaco capítulo aparte.
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